Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá.
Johann Christoph Friedrich von Schiller (1759-1805) Poeta y dramaturgo alemán
No hay viento favorable para el que no sabe donde va.
Lucio Anneo Séneca (2 AC-65) Filósofo.
Dice el tango “Por el camino” de José González Castillo…“Quien diga que no hay querencia que le pregunte a la ausencia”. Quizá sea esa ausencia la que me motiva a escribir estas líneas con forma de ensayo sobre el crecimiento y el desarrollo económico de mi provincia, La Pampa. No es este un escrito académico, sino simplemente algunos pensamientos “en voz alta”.
Escucho decir que los pampeanos no podemos. Que el crecimiento económico -¿Y su desarrollo?- depende solo de Dios. ¿No podemos? Permítame ensayar algunas reflexiones que, aspiro, sirvan para, al menos, estimular la discusión y el intercambio de ideas.
Si uno simplemente entra a internet puede encontrarse con algunos pampeanos liderando empresas, trabajando en altos niveles de importantes empresas de nivel nacional o internacional, integrando equipos de investigaciones en el país y en exterior y siendo referentes en las letras, la pintura y la música. ¿Por qué razón toda la responsabilidad de nuestro bienestar económico debería cargarla el Dios en el que cada uno crea?
Muchos pueblos del mundo estuvieron menos dotados de recursos que los argentinos y que los pampeanos en particular. ¿Como hicieron para progresar económicamente? Se me ocurren algunas palabras relacionadas a ese objetivo: consenso político, mas y mejor educación, aliento a la innovación, mérito, inconformismo, frugalidad y constricción al trabajo. Piense si falta alguna…puede haber mas.
Investigaciones sobre como el gobierno puede ayudar al desarrollo económico hay muchas y diversas. La mayoría indica que hay que agregar valor e innovación a todo lo que hacemos, ya sea que enseñemos en una escuela hogar de Telén, que exploremos en busca de petróleo en Colonia 25 de Mayo, hagamos quesos en General Campos o seamos empleados de la Administración General de Rentas de la provincia de La Pampa.
Pues bien, usted dirá, ¿Qué es la innovación? Podríamos decir, en simples términos, es el descubrimiento de métodos para hacer productos o brindar servicios para hacer más con lo mismo que tenemos disponible, o lo mismo con menos de lo que necesitamos ahora y/o de una mejor calidad.
También escucho repetir como loros a muchos dirigentes políticos la trillada frase de que la “industrialización es la salida”. Me desafía intelectualmente esa repetición “políticamente correcta”. Dice el economista Hal Varian que “no hay nada mejor que un argumento falaz para estimular la investigación”.
Desde mi punto de vista es un poco apresurado hablar en forma excluyente de la industrialización a secas como estrategia de desarrollo económico. Y aquí si quizá se vea la diferencia entre “crecimiento económico” y “desarrollo económico”. Quizás actualmente también la industrialización puede empujar el crecimiento económico (como en el caso de China y la maquila centroamericana) pero creo que hay otras formas más inteligentes de incentivar el “desarrollo económico” utilizando la política pública. Principalmente en zonas con pocas ventajas para la localización industrial. Por supuesto que esto no implica desalentar los procesos industriales.
Decía Schumpeter (1912): “... con el término desarrollo atendemos únicamente aquellos cambios de la vida económica que no son impuestos a la misma desde el exterior, sino que surgen de su propia iniciativa, desde el interior. El simple crecimiento de la economía que acompaña al crecimiento de la población y de la riqueza, no será aquí indicado como un proceso de desarrollo. Efectivamente, ello no da origen a ningún fenómeno cualitativo nuevo, sino únicamente a procesos de adaptación, como sucede en el caso de las variaciones en los datos naturales.”
Cuando los viejos economistas del desarrollo hablaban de la industrialización, este proceso era el proceso innovador por excelencia. Hoy quizá no lo sea tanto, o por lo menos, lo pongo en duda. ¿Los salarios altos son en el mundo de hoy para los overlockistas de las fábricas textiles o para los jóvenes desarrolladores de programas de computación?
Veamos que es lo que sucede en el mundo. En lo que respecta a industrialización, China, India, Pakistán, México y del resto de Centroamérica con su maquila lideran el proceso. Si queremos competir en un mundo globalizado por la “industrialización” entonces tendremos que competir contra los bajos costos salariales chinos, hindúes, pakistaníes y mexicanos. ¿El gobierno de La Pampa quiere una estrategia de desarrollo basada en crecimiento económico con bajos salarios? En economía, lamentablemente, siempre hay que elegir. Siempre la “frazada es corta”.
También respecto a la estrategia de industrialización pero desde una mirada más regional y de geografía económica, se observa que en Argentina el cordón industrial está asentado en el corredor Rosario-Buenos Aires, donde se localiza una gran proporción de las industrias del país. Si uno piensa en competir territorialmente con ese atractor de localización industrial debería analizar, antes que nada sus propias ventajas relativas.
En principio, el mayor centro de demanda es el área metropolitana de Buenos Aires con lo cual, comenzamos mal. Segundo, si pensamos en obreros especializados, la mayoría se ubica en esa zona, seguimos mal. Tercero, las economías de escala y densidad predominan allí como consecuencia de lo enumerado antes junto con las facilidades para la exportación que brindan los puertos y las carreteras que unen Argentina con el resto del Mercosur, especialmente Brasil. Terminamos mal. A los industriales que están en La Pampa, mi mensaje: ¡vaya mi admiración y respeto por el esfuerzo ante tamaña adversidad!
En definitiva, si queremos industrializarnos, primero, hay que saber para que queremos hacerlo y, luego, con que herramientas contamos para hacerlo.
Paradójicamente, y al contrario de la creencia popular, si se analiza el desarrollo económico puede observarse que las economías mas desarrolladas hoy no quieren industrializarse. ¿Cómo? Si, al contrario, ¡están desindustrializándose! Lo están haciendo porque hoy la industrialización es equivalente a salarios bajos y contaminación ambiental. ¡Las economías desarrolladas no están exportando bienes sino fábricas industriales! Las economías desarrolladas no quieren fabricar suéters al más bajo costo con procesos repetitivos de poca innovación, pagándoles a sus obreros salarios apenas de supervivencia, sino diseñar la ingeniería de los distintos tipos de telas especiales para distintos tipos de climas. Esas economías desarrolladas se dedican hoy a servicios especializados, diseño, turismo, investigación y desarrollo de productos, comunicaciones, etc. ¿Por qué no “saltearnos” la industrialización e ir directo a esa etapa si además poseemos múltiples desventajas para la radicación de fábricas?
Desde mi punto de vista, una estrategia de desarrollo económico más aconsejable para La Pampa, sería, en vez de salir a “seducir” empresas industriales (en general poco innovativas) para que se radiquen en la provincia, salir a seducir “cerebros” (innovativos). Pero…¿Cerebros? ¿Para qué?
Mi respuesta es: cerebros para trabajar inventando, creando cosas nuevas de forma mas eficiente o modificando las existentes. Por mi parte, no estoy inventando nada, lo mismo pero mucho tiempo antes lo dijo, mucho mejor que quien suscribe, Joseph Schumpeter[1] cuando hablaba de la “creación destructiva” como fuerza motriz del capitalismo. Y creo que Don Schumpeter dio en el blanco, poniendo énfasis en uno de los mejores incentivos del sistema capitalista, la búsqueda del progreso material mediante la innovación, gratificada con una adecuada recompensa económica a ese esfuerzo. Una economía capitalista que desea el progreso económico no puede prescindir de la innovación potencialmente mejoradora de todas las actividades económicas humanas, ya sea que hablemos del campo, de la industria o de los servicios, o de actividades tan diversas como la docencia, la investigación, la actividad empresarial o el gobierno. Es mas, me arriesgo a decir que la innovación debería ser fomentada activamente por el Estado!
Si uno mira a vuelo de pájaro cuales son las empresas que más rápido crecieron y se volvieron muy valiosas en el mundo de hoy se puede pensar en Facebook, Microsoft, Yahoo, Google, Amazon, E-Bay, etc. Por citar otro ejemplo, si uno piensa en el proceso de crecimiento del campo argentino, fuertemente impulsado por la soja, puede rastrear y encontrarse que lo que hizo ganar dinero a los productores y al país no es solo labrar la tierra (piense también en la “innovación” de la siembra directa) sino la genética incorporada en la semilla (principalmente la denominada soja transgénica), lo cual es nuevamente producto del “cerebro” en algún laboratorio de ciencia básica y/o aplicada. Sigamos pensando…reactores nucleares en Bariloche, vacuna contra la aftosa, etc. etc….siempre, indefectiblemente, aparece el cerebro como creador de valor. Desde la invención de la rueda hasta acá, el cerebro humando creando innovación es el motor del progreso material.
Las empresas nombradas antes comparten una característica común: lo más valioso que tienen son sus cerebros. Y además, salarios altos.
Adicionalmente, el principal producto del cerebro, el conocimiento, posee una característica que lo hace aún más deseable: es un bien público. Es muy fácil que el conocimiento se difunda, se divulgue. No es tiempo de slogans del tipo de alpargatas o libros. O campo o industria. Hoy en día el progreso está íntimamente relacionado con el conocimiento y con como este se aplica en todos los procesos productivos. La democracia moderna debería ser una “democracia de conocimiento”. No tiene igualdad de oportunidades el hijo de un obrero que va a una escuela pública y no sabe inglés que el hijo del empresario que lo aprende en la escuela privada. ¿Por qué no ponemos énfasis en la enseñanza y el aprendizaje del inglés en nuestras escuelas públicas? Y por favor, nada de argumentos ideológicos, también la China comunista se preocupa por la enseñanza de la matemática y el inglés.
Sumado a ello, aparece otra característica positiva de la producción de conocimiento especialmente relevante para La Pampa: el costo de transporte no interesa. Para la producción de bienes industriales el costo de transporte resulta muchas veces crucial para evaluar la localización de una industria. En el caso del conocimiento, es mucho más relevante la ubicación de la materia prima (la mano de obra calificada) que la del mercado de destino del conocimiento producido.
Vaya aquí la siguiente pregunta, ¿qué necesita el conocimiento para desarrollarse y producir crecimiento y desarrollo económico?
En primer término, necesita de una comunidad. Una comunidad de científicos. Y científicos con vocación docente. Los docentes forman discípulos y los discípulos a otros aprendices que se vuelven discípulos y en el futuro maestros en su arte o ciencia. Porque el arte y las humanidades también crean valor económico. Si no me cree, le doy una pista, piense en el Tango como “producto” cultural. Estoy seguro que ni Gardel ni Enrique Santos Discépolo pensaron que estaban sentando los pilares de una industria de escala mundial y en la cual los argentinos tenemos ventaja comparativa.
Segundo, un ambiente de cooperación intra-comunidad (entre los propios científicos y profesores) y extra-comunidad (empresarios, funcionarios públicos).
Tercero, estudiantes. Los estudiantes son tan fundamentales para el proceso como es el uranio para la fisión nuclear. Porque ellos son los que siendo alumnos y/o asistentes aprenden a ser y luego se transforman en: investigadores científicos, empresarios innovadores, funcionarios públicos con vocación de contribuir al progreso social o empleados altamente capacitados.
Al mismo tiempo, el desarrollo de la investigación refuerza la reputación y el prestigio de las instituciones educativas lo cual atrae a más y mejores estudiantes, es decir, a más y mejores cerebros, lo cual también atrae a empresas que demandan trabajadores formados para tareas innovadoras. No debe soslayarse también la significancia económica que representan los servicios educativos propiamente dichos como actividad económica. La educación como servicio, como vocación y como elemento indispensable para el progreso futuro y la creación de ciudadanía, es a su vez, una industria en si misma.
Espero que estas reflexiones sirvan de punto de partida para un debate más profundo sobre una estrategia de desarrollo económico de La Pampa. Mis ideas pueden ser correctas o no…pero ahí están, expuestas para la crítica y el debate. Me gustaría escuchar otras.
Dice el proverbio taoísta atribuido a Lao Tsé: “un viaje de mil millas comienza con el primer paso”. ¿No es hora de que La Pampa dé el primer paso en el camino del desarrollo económico?
[1] Quien dicho sea de paso como nota de color, tenía la sana ambición, segùn cuenta la leyenda, de ser el mejor jinete, el mejor amante y el mejor economista de Europa.
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